#VivasNosQueremos (sin impunidad y sin corrupción)

impunidad2.png

El 29 de septiembre, en Naucalpan, Estado de México, fueron encontrados los cuerpos de Karen Esquivel y Adriana Hernández en una maleta. El 30, Paola Ledezma fue asesinada por un hombre que le disparó en la colonia Buenavista, en la Ciudad de México. En la madrugada del 8 de octubre, en Comitán, Chiapas, Itzel Durán fue apuñalada varias veces por dos hombres que entraron a su domicilio. El 13 del mismo mes, Alessa Flores, una joven activista fue encontrada muerta con signos de estrangulamiento en un hotel de la colonia Obrera.

¿Qué tienen en común estos asesinatos? En primer lugar, que todas son mujeres, tres de ellas chicas trans y dos trabajadoras sexuales; y en segundo, todas tenían rasgos de haber sido torturadas o violentadas sexualmente antes de morir. Estos asesinatos son considerados como feminicidios, tipificados en el artículo 325 del Código Penal Federal, como privar de la vida a una mujer por razones de género. En 2015, el Inegi informó que en México se registran siete feminicidios cada día, y 63% de las mujeres mexicanas han sido víctimas de violencia de género. 

¿Qué pasa con la justicia para las víctimas? El Código Penal es muy claro, a quien se encuentre culpable de feminicidio tendrá que cumplir una sentencia de 40 a 60 años en prisión y tendrá que pagar una multa de 500 a mil días de salario mínimo. Sin embargo, la ley se hace agua cuando la justicia no es asequible para todas las mujeres porque intervienen factores que fomentan la opacidad y la corrupción.

Lo anterior sucede porque las autoridades suelen decidir que no se trata de un feminicidio sino de un homicidio, no obstante las diferencias: rasgos de violencia sexual, que haya lesiones o mutilaciones degradantes previas o posteriores a la muerte, actos de necrofilia, haber recibido amenazas, acoso, prohibición de comunicaciones o que el cuerpo de la víctima haya sido expuesto en vía pública (ver artículo 325 del Código Penal Federal). Además, las autoridades pueden entorpecer el proceso de investigación del feminicidio o no investigarlo. Cabe subrayar que la falta de sanciones relacionadas con la corrupción en estas investigaciones provocan la impunidad en los feminicidios. 

También pareciera que los prejuicios son la línea de investigación que predomina en los feminicidios, como en el caso del multihomicidio en la Narvarte, Mile Virginia fue expuesta por autoridades como una mujer que se dedicaba al trabajo sexual y tenía vínculos con los homicidas porque eran sus presuntos clientes.  ¿Acaso la vida de las mujeres vale menos por el trabajo que desempeñan y por ello no hay acceso a la justicia?

Todavía nos hacen falta mecanismos para prevenir la violencia de género, porque cuando se implementan las campañas de prevención casi siempre están enfocadas a mujeres y no a hombres también. De igual forma, necesitamos estadísticas oficiales que ayuden a visibilizar el problema de la violencia de género y los feminicidios, además de la implementación de la perspectiva de género en el personal de los Ministerios Públicos y en las y los jueces que dictan las sentencias.

Estas fallas en el sistema de impartición de justicia han motivado que la ciudadanía se active, unos ejemplos son: el trabajo de investigación que hace el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, “la instancia que busca contribuir en el acceso a la justicia a mujeres víctimas de violencia de género, feminicidio y discriminación sistémica de sus derechos”; por otro lado, en el ámbito de la organización de Congresos y difusión de información están las Académicas en Acción Crítica que buscan “crear puentes de reflexión, comunicación y acción entre la academia y la sociedad civil”; o, el trabajo de capturar día a día los feminicidios que aparecen en los medios de comunicación en el Mapa del Feminicidio que realiza la “tuitera” @PrincesaBathory; o como las (e)stereotipas, quienes a través del feminismo pop están cambiando e informando a nuevas generaciones sobre la violencia de género.

Con el fin de visibilizar, actuar y exigir la intervención inmediata de las autoridades ante esta problemática, este 25 de noviembre se llevará a cabo la Movilización contra las Violencias Machistas y Feminicidios (hermana de la marcha del #24A #VivasNosQueremos) en toda la República Mexicana. Se hace en esta fecha por ser el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, cuya historia nace en 1960, cuando fueron asesinadas Patria, Minerva y Teresa Mirabal (las hermanas Mirabal), activistas y opositoras al régimen de Leónidas Trujillo en República Dominicana; además se suman 1981 por celebrarse el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe y 1999, cuando la Asamblea General de la ONU designó este día como un día internacional.

Todavía falta mucho para que se acabe la impunidad y la corrupción en los procesos de procuración e impartición de justicia relacionados con los feminicidios. Por lo pronto, sigamos visibilizando la violencia de género, y reflexionemos la misma pregunta que se hace la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal: “¿Hasta cuándo seguirá cuestionándose en México el derecho pleno de las mujeres a vivir una vida libre de violencia?”. 

@sotrois

Artículo publicado e  Animal Político, el 21 de noviembre de 2016.


Sé el primero en comentar

Por favor revisa tu email para activar tu cuenta.